domingo, 19 de marzo de 2017

11 HISTORIAS DE PUMAS

Evelin y Tania
Estábamos en Villa O’Higgins, última población de la carretera Austral, cuando decidimos dar un paseo en la furgoneta. Llegamos a un gran lago y empezamos a recorrer la pista que lo rodeaba; estaba lloviendo fuerte cuando llegamos al fin del camino; había un muelle con varios barcos pequeños atracados. El lugar se llamaba Bahía Bahamonde. Debajo de un árbol vimos a un par de chicas en camiseta y pantalón deportivo corto protegiéndose de la lluvia. Las invitamos a refugiarse en nuestra furgoneta. Nos contaron que habían salido del pueblo, a 7 kms, haciendo “footing”, cuando en un recodo del camino oyeron un ruido procedente de algún animal. Aquel sonido era un rugido y ellas se alarmaron pensando que era un puma. En ese momento salieron despavoridas y llegaron histéricas al lugar donde nosotros las encontramos. Al parecer, los pumas abundan por esta zona y atacan a los humanos. De hecho, un turista español había sido atacado por un felino de este tipo hacía tan sólo unos meses, se salvó porque aparecieron en el momento oportuno unos trabajadores de mantenimiento de la carretera. También otro lugareño había sido atacado en la misma zona; éste iba provisto de cuchillo y logró matar al animal, cuando llegó al pueblo sus vecinos no le creyeron, entonces volvió a donde había quedado el cuerpo del puma, le cortó la cabeza y se la llevó al pueblo para demostrar que su hazaña era verídica. Eso le costó no pocos problemas con las autoridades, que le pusieron una multa e intentaron meterle en prisión por matar un ejemplar de una especie protegida.
 En definitiva, que los pumas no son un cuento chino; por estos pagos, en opinión de los pobladores, los hay en exceso debido a la protección.
Las jóvenes, hermanas, de unos 15 y 16 años, se llamaban Evelin y Tania, se metieron en la furgo empapaditas por la lluvia. Les dejamos algo para secarse y pusimos la calefacción a tope. Durante el viaje de vuelta nos contaron mil cosas de la vida en estas poblaciones aisladas. Al llegar a la entrada del pueblo nos pidieron que las dejáramos allí para poder hacer un poquito más de “footing” hasta su casa.

La impresión que nos dieron es que vivían muy felices.

En Villa O'Higgins cogimos una cabaña para pasar tres días.

Villa O'Higgins, al sur de Chile

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